Cuando
recibí la invitación para preparar estas palabras
en nombre de los graduados, experimenté varios sentimientos
encontrados alegría y emoción pero también
duda ¿qué podía decir?. Estos sentimientos
se sumaron al orgullo que sentí cuando supe que había
aprobado mi última materia. Había alcanzado la meta
que me había propuesto: había terminado mi Licenciatura
en Educación.
Todos los que hoy recibimos el título nos propusimos un
objetivo al comenzar la carrera elegida. Habrán existido
distintas motivaciones pero creo que en todos estuvo presente
el deseo de superarnos, de aprender, de adquirir nuevas herramientas
para encarar el futuro.
El camino fue largo, algunas veces difícil. Todos hemos
pasado por momentos de duda, de zozobra, de ansiedad y de alegría.
Quizás hemos pensado más de una vez en abandonar,
sobre todo cuando se acumulaba la bibliografía, los trabajos
prácticos, el cansancio; cuando las horas sacadas al sueño,
a la familia, al descanso parecían no alcanzar. Pero aquí
estamos, hemos llegado.
Se abre ahora un nuevo camino, el de la realización profesional.
Un camino en el que tendremos que aplicar lo aprendido. Muchos
ya lo hemos emprendido hace años cuando comenzamos con
nuestra tarea educativa. Deberemos seguirlo ahora con renovadas
energías, las que da el conocimiento.
Tenemos por adelante un desafío: volcar lo recibido para
mejorar la educación, para lograr una sociedad más
igualitaria, para cerrar las brechas cada vez más profundas
entre los más y los menos favorecidos de nuestra sociedad.
